Leti: el Primer Cráneo infantil de Homo naledi de hace 250.000 años

El equipo de arqueólogos encabezado por Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo (Sudáfrica), ha localizado el cráneo de un niño al que han llamado Leti, de ‘letimela’ (que en la lengua bantú setsuana significa ‘el último’). Estos restos pertenecen a una espacie humana diferente, la del Homo naledi, que habitaba en las profundidades de un sistema de cuevas del país africano.

Tal y como recoge New Scientist, el hallazgo ha tenido lugar en una estrecha fisura de difícil acceso. Por ello, el grupo sostiene que el cráneo fue colocado allí deliberadamente, como parte de un rito funerario. En una conferencia virtual, los investigadores han explicado que es una muestra de que los homínidos han enterrado a sus muertos durante cientos de miles de años, incluso aquellos con cerebros mucho más pequeño que el del ser humano actual.

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“No vemos ningún otro motivo por el que un cráneo tan pequeño esté en un lugar tan intrincado”, ha afirmado Lee Berger. Su equipo ha explorado el sistema de cuevas Rising Star en Sudáfrica durante varios años. Los investigadores han localizado más de mil huesos esparcidos por el suelo de la Cámara Dinaledi del sistema, a la que sólo podían llegar espeleólogos expertos capaces de pasar por espacios reducidos.

Estos restos tienen una antigüedad de 250.000 años, lo que implica que el Homo naledi coexistió con la especie Homo sapiens y otros homínimos de gran cerebro como los neandertales. Sin embargo, los primeros conservaron rasgos de individuos que vivieron millones de años antes.

La edad de Leti

El equipo encabezado por Lee ha indicado que Leti dispone de dos dientes de leche y cuatro adultos. Estos últimos no estaban desgastados, lo que supone que habrían salido recientemente de sus encías. “Leti tenía probablemente entre cuatro y seis años de edad”, ha informado Juliet Brophy, de la Universidad Estatal de Luisiana en Baton Rouge (Estados Unidos).

Por su parte, Berger estima que los huesos de los ejemplares de Homo naledi fueron colocados en el sistema de cuevas de Rising Star por miembros de su misma especie. Otras posibles explicaciones parecen poco probables, asegura el miembro del equipo Darryl de Ruiter, de la Universidad A&M de Texas en College Station.

“No hay indicios de ninguna actividad carnívora: no hay marcas de dientes, no hay signos roedores, nada de eso”, ha destacado. De este modo, parece poco probable que otros animales llevaran los huesos a las cuevas. “No existen pruebas tampoco de un movimiento de agua a gran escala que deposite estas cosas”, ha añadido.

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