Moses Kiuna y David Gathu demuestran cómo la creatividad puede transformar vidas. Estos primos kenianos desarrollaron una prótesis mecánica a partir de residuos electrónicos, usando tecnología que interpreta señales cerebrales. Su meta es ofrecer soluciones accesibles a personas con discapacidades en su país y más allá.
Un sueño impulsado por la necesidad

Todo comenzó en 2012, cuando un vecino perdió una extremidad en un accidente laboral. Conmovidos, Kiuna y Gathu crearon su primera prótesis artesanal. Años después, su nuevo invento marcó un salto tecnológico, un brazo biónico que responde a las señales del cerebro. Para conseguirlo, adaptaron un receptor de auriculares que capta impulsos neuronales y los convierte en energía eléctrica. Esa corriente se envía de forma inalámbrica al brazo, que se mueve en menos de dos segundos.
El prototipo no solo representa un avance tecnológico, sino también una solución a nivel social. Según la Organización Mundial de la Salud, solo una de cada diez personas que necesita una prótesis puede acceder a una. Lo que impulsó a estos jóvenes a buscar opciones locales fue la escasez y el alto costo de los equipos protésicos. “Vimos a personas con discapacidad pasar por muchas dificultades y queríamos que se sintieran más capaces”, explicó Gathu.
Frente a la falta de recursos, hallaron una respuesta cercana, reciclar basura electrónica. Entre cables, motores y plásticos desechados, descubrieron una manera de dar nueva vida tanto a los materiales como a las personas que los necesitaban. Así, su laboratorio improvisado junto a la casa de su abuela se convirtió en un centro de innovación humana.
Innovar desde los desechos hasta crear una prótesis
Su éxito no fue fruto de una educación formal. Gathu abandonó la escuela a los 17 años y Kiuna dejó la universidad poco después, pero nunca perdieron la curiosidad. “Estudiamos neurofisiología leyendo libros y hablando con médicos”, contó Gathu. Los dos recorren los vertederos de Nairobi en busca de aparatos rotos que transformaron en nuevas invenciones.
Entre las paredes de chapa de su pequeño taller, hay estanterías llenas de manuales y diagramas científicos. De ese entorno nacieron más de una docena de creaciones, desde un esterilizador de billetes con rayos infrarrojos durante la pandemia, hasta un generador verde que convierte el oxígeno en electricidad.
Su ejemplo retrata una lucha constante por demostrar que la ciencia no siempre necesita laboratorios costosos, sino mentes decididas a resolver los problemas locales con recursos locales. Su iniciativa también muestra una nueva ruta para África, convertir el desperdicio tecnológico en oportunidad y esperanza.
Apostando al futuro de Kenia
El impacto de estos jóvenes inventores ha llamado la atención de educadores y emprendedores en Kenia. Para Mukuria Mwangi, fundador de la escuela Jasiri Mugumo, Gathu y Kiuna son “una prueba de que los africanos pueden transformar el futuro tecnológico del continente”. Mwangi los invita periódicamente a mentorear a niños, mostrándoles que la innovación nace de la observación y la práctica, no solo del aula.
Sin embargo, la falta de financiamiento y apoyo institucional continúa siendo un obstáculo. Muchos de sus prototipos permanecen almacenados, esperando inversión. Ambos sueñan con crear una empresa que produzca sus prótesis a gran escala, accesibles para comunidades que hoy las consideran inalcanzables.
A pesar de las limitaciones, siguen diseñando nuevos proyectos. Su convicción demuestra que el conocimiento autodidacta, combinado con la pasión por ayudar, puede reconfigurar el destino de un país. Como dice Mwangi, “la innovación es lo que impulsará el futuro”.
La historia de Moses Kiuna y David Gathu resume el poder de la creatividad africana: transformar desechos en esperanza. Desde un taller modesto, muestran que la innovación no depende de recursos, sino de propósito. Su brazo biónico simboliza una nueva era para la ciencia keniana y para quienes anhelan autonomía.
Referencia:
- Kenyan innovators turn e-waste to bio-robotic prosthetics. Link
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