Con apenas 14 años, Daniel Jackson ideó junto a un grupo de amigos la creación de un país en un territorio sin reclamar entre Serbia y Croacia. Hoy, con 20, preside la autoproclamada República Libre de Verdis, que cuenta con 400 ciudadanos aceptados y un futuro aún incierto.
El nacimiento de Verdis: una micronación en Europa del Este

La historia de Verdis comenzó como un experimento adolescente. En 2017, Daniel Jackson, entonces estudiante en Melbourne, descubrió junto a algunos amigos una franja de bosque sin reclamar en la frontera del Danubio, entre Croacia y Serbia. La zona nunca había sido habitada desde la disolución de Yugoslavia, lo que, según Jackson, legitimaba el derecho a fundar un nuevo país. Decidieron llamarlo Verdis, inspirado en la palabra latina viridis, que significa verde, como símbolo de una nación con enfoque ambiental.
Con el tiempo, la idea pasó de ser un simple pasatiempo a un proyecto organizado. Jackson y sus colaboradores formaron un gobierno, establecieron leyes, diseñaron una bandera y crearon un sistema de ciudadanía que, a la fecha, ha recibido más de 15.000 solicitudes, aunque solo 400 han sido aceptadas. Este crecimiento rápido convirtió a Verdis en una de las micronaciones más comentadas del mundo, comparada en ocasiones con Liberland, otra autoproclamada nación surgida en una tierra disputada en la misma región.
El joven australiano se autoproclamó presidente y, aunque asegura que todo comenzó como “un experimento”, rápidamente la iniciativa tomó dimensiones inesperadas. Sin embargo, la falta de reconocimiento internacional y la tensión fronteriza en los Balcanes complicaron sus planes de establecer un asentamiento permanente.
La expulsión y el exilio del presidente

En 2023, Jackson y un grupo de ciudadanos intentaron establecerse físicamente en el territorio de Verdis. Durante semanas realizaron tareas de limpieza, campamentos y mediciones para demostrar su presencia en el área. Pero su iniciativa fue frenada de golpe cuando la policía croata los expulsó por la fuerza, confiscó parte de su equipo y emitió una prohibición de entrada de por vida a Croacia para Jackson y su vicepresidente, Héctor Bowles.
Este revés fue un golpe duro para la micronación, ya que resulta imposible llegar a Verdis sin cruzar territorio croata. Desde entonces, Jackson se encuentra en el exilio, viviendo en Dover, Inglaterra, donde trabaja como desarrollador freelance de videojuegos en Roblox. Aun así, se presenta como presidente en funciones, usa traje en reuniones oficiales y conserva en su casa símbolos patrios como banderas y escudos de Verdis.
El exilio no ha detenido su empeño. Jackson continúa promocionando su país en redes sociales, en foros internacionales de micronaciones y mediante iniciativas de recaudación de fondos. De hecho, el proyecto recibió recientemente más de 37.000 dólares a través de donaciones en criptomonedas, lo que ha permitido financiar actividades políticas y sostener la infraestructura digital de Verdis.
A pesar de la falta de reconocimiento, el movimiento ha inspirado a cientos de personas que ven en Verdis una alternativa política y social diferente, un espacio experimental con ideales de neutralidad y cooperación internacional.
Entre la legalidad y el sueño: el futuro de Verdis

Uno de los principales desafíos de Verdis es la legalidad internacional. Jackson asegura que, según el derecho internacional, el primer reclamante activo de un territorio sin dueño puede ser considerado su legítimo ocupante. En su visión, Croacia y Serbia nunca reclamaron oficialmente estas tierras, lo que lo habilitaría a considerarse soberano. Sin embargo, la realidad es más compleja: la mayoría de expertos en derecho internacional consideran que estas tierras están en disputa y, por lo tanto, no pueden ser apropiadas de esa forma.
La postura de Croacia es clara: Verdis no forma parte de su territorio, pero tampoco reconoce la existencia de un nuevo país en su frontera. Esto coloca a Jackson en un limbo político difícil de resolver. El joven ha intentado llevar casos ante cortes croatas y europeas, pero la mayoría son rechazados por tecnicismos legales.
Aun así, su visión no decae. Sueña con que Verdis sea reconocido como un estado neutral, un centro de cooperación para ONG y un país comprometido con causas humanitarias y ambientales. En su gabinete, varios ministros participan activamente en proyectos de ayuda a Ucrania y otras causas sociales, reflejando el lado más altruista de la micronación.
En un gesto curioso, Jackson asegura que, si Verdis llega a consolidarse como país real, planea dimitir de la presidencia y convertirse en un ciudadano común. A su juicio, su papel ha sido iniciar el proyecto, no eternizarse en el poder.
La República Libre de Verdis es, al mismo tiempo, una curiosidad política y un fenómeno social. Lo que empezó como un juego adolescente se ha convertido en un proyecto con cientos de seguidores, un presidente en el exilio y un sueño de soberanía. Daniel Jackson insiste: tarde o temprano, volverán a su tierra.
Referencia:
- National website of Verdis. Link
- The Guardian/‘We would love to enter Eurovision!’ The boy who saw some unclaimed land – and founded his own country. Link
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