Las profundidades marinas esconden criaturas fascinantes y poco conocidas. Entre ellas destaca el pulpo de siete brazos (Haliphron atlanticus), un gigante oceánico que puede alcanzar los 75 kilogramos. A pesar de su tamaño, rara vez se le observa vivo. Cada avistamiento aporta información valiosa sobre la biodiversidad de los océanos.
Un avistamiento histórico de un misterioso pulpo en la Bahía de Monterey

El reciente hallazgo realizado por el Instituto MBARI ha generado gran expectación. Se trata de la cuarta vez en 40 años que este organismo logra registrar al pulpo de siete brazos. El avistamiento ocurrió gracias al vehículo operado a distancia Ventana, que exploraba la Bahía de Monterey.
A unos 700 metros de profundidad, el equipo liderado por Steven Haddock presenció una escena extraordinaria: el pulpo nadando en todo su esplendor. Este hallazgo se suma a otros pocos registros en el mundo, como las imágenes capturadas por el buzo Eric Askilsrud.
El uso de una cámara 4K especialmente diseñada permitió obtener observaciones detalladas de su comportamiento. En las grabaciones, el pulpo sostenía una medusa de casco rojo carmesí (Periphylla periphylla), confirmando su preferencia por animales gelatinosos.
Este avistamiento no solo representa un logro científico, sino también una oportunidad para comprender mejor las redes alimentarias de aguas profundas. Cada registro contribuye a desvelar la complejidad de un ecosistema que aún guarda innumerables secretos.
La curiosa anatomía del Haliphron atlanticus
Aunque su nombre sugiere lo contrario, este pulpo posee ocho brazos. Sin embargo, los machos suelen parecer tener solo siete debido a un comportamiento peculiar. Durante el apareamiento, se desprenden de un brazo especializado llamado hectocótilo, que utilizan para transferir esperma.
Este brazo permanece oculto bajo uno de sus ojos, lo que genera la impresión de que solo cuentan con siete. La diferencia entre sexos es notable: las hembras pueden alcanzar hasta cuatro metros, mientras que los machos apenas llegan a 21 centímetros.
La denominación de la especie refleja una tendencia cultural. Como señala Jack Ashby en Nature’s Memory, los machos suelen ocupar un lugar central en museos y registros, invisibilizando en parte la magnitud de las hembras. Este sesgo también influye en la forma en que nombramos y comprendemos a los animales.
Rareza y relevancia científica
Ver un pulpo de siete brazos vivo es un acontecimiento extraordinario. En 2017, un estudio de Haddock y Henk-Jan Hoving reveló que estos animales se alimentan de organismos gelatinosos, utilizando incluso sus aguijones para cazar. El nuevo avistamiento confirma estas observaciones.
Los medios de comunicación también se han interesado en esta especie. Recientemente, en Aberdeenshire, Reino Unido, apareció un brazo en la costa, un hecho inusual que despertó curiosidad. Sin embargo, observarlos en movimiento ofrece información mucho más valiosa para la ciencia.
Cada registro amplía nuestro conocimiento sobre la vida en las profundidades. El pulpo de siete brazos es un recordatorio de lo poco que sabemos sobre los océanos y de la necesidad de seguir explorando. Su rareza lo convierte en un símbolo de la biodiversidad oculta que aún espera ser descubierta.
El pulpo de siete brazos es un ejemplo de cómo la naturaleza sorprende con formas únicas y comportamientos insólitos. Su rareza y tamaño lo convierten en un verdadero enigma marino. Cada avistamiento nos acerca a comprender mejor la complejidad de los océanos y la importancia de protegerlos.
Referencia:
Scientific Reports/The giant deep-sea octopus Haliphron atlanticus forages on gelatinous fauna. Link
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