El calentamiento global tiene un culpable y los científicos acaban de descubrir quién es

Una nueva investigación publicada en Nature Climate Change ha confirmado una verdad tan incómoda como contundente: el calentamiento global no es responsabilidad compartida. Es, en su mayoría, obra de una élite. El 10% más rico del planeta ha causado casi dos tercios del calentamiento global observable desde 1990. Esta no es solo una crisis climática; es también una crisis de desigualdad.

Cifras que cambian el relato del calentamiento global

El calentamiento global tiene un culpable y los científicos acaban de descubrir quién es
Número de vuelos privados en 2024.

Durante años, el discurso del cambio climático se ha centrado en los hábitos individuales: reducir el uso del automóvil, reciclar, consumir de forma responsable. Pero un estudio reciente ha puesto los puntos sobre las íes: la responsabilidad real no está repartida de forma equitativa. El 10% más rico del mundo es responsable del 66% del calentamiento global registrado desde 1990. Más chocante aún, el 1% más acaudalado ha contribuido 20 veces más a la crisis climática que el 99% restante.

Esta desigualdad climática fue revelada gracias a un cruce meticuloso entre modelos de cambio climático y datos económicos globales. Los investigadores no sólo consideraron las emisiones por consumo privado —como el uso de automóviles de lujo o vuelos en jets privados—, sino también las generadas por la inversión y la propiedad corporativa. En otras palabras, se analizó cómo la riqueza se traduce directamente en emisiones: desde la financiación de industrias contaminantes hasta la toma de decisiones que perpetúan el modelo económico extractivista.

La investigación desmantela el mito de la “responsabilidad colectiva” e introduce una narrativa más precisa: la crisis climática es, sobre todo, resultado de un sistema económico controlado por unos pocos. Si toda la humanidad hubiese emitido al ritmo del 50% más pobre del planeta, el calentamiento global desde 1990 habría sido casi inexistente. Esta afirmación, realizada por Carl-Friedrich Schleussner, coautor del estudio, apunta a una verdad que muchos prefieren ignorar: no todos contaminamos por igual, ni todos tenemos el mismo poder de cambiar las cosas.

La élite y su modelo en llamas 

A diferencia de estudios anteriores centrados únicamente en los hábitos de consumo, esta investigación pone el foco en la arquitectura del poder económico. Los investigadores observaron cómo los ultrarricos no solo gastan más, sino que poseen y controlan los medios que influyen en el calentamiento global a gran escala: fábricas, compañías energéticas, fondos de inversión que sostienen la industria fósil, y redes globales de comercio que operan sin escrutinio ambiental.

Desde 2019, el 10% más rico ha sido responsable de casi la mitad de las emisiones globales —sumando tanto su consumo como sus inversiones— mientras que el 50% más pobre apenas representa un 10%. Esto tiene implicaciones demoledoras. Significa que el modelo económico actual está diseñado para favorecer a una minoría que obtiene beneficios directos del daño ambiental, mientras traslada los costos sociales, ecológicos y sanitarios al resto del planeta.

En Estados Unidos, por ejemplo, el 1% más rico controla el 80% de los activos corporativos, lo que los convierte no solo en beneficiarios, sino en arquitectos de las políticas ambientales de las grandes empresas. Mientras tanto, los discursos oficiales siguen culpando al ciudadano promedio, invitándolo a cambiar bombillas o a usar pajitas de papel como si eso pudiera contrarrestar el impacto de un solo vuelo intercontinental de un jet privado.

El periodista George Monbiot lo describió con crudeza: 

«Para el comercio convencional, la Tierra es a la vez botín y vertedero». 

Las decisiones sobre extraer, transformar y desechar los recursos del planeta no son tomadas por las mayorías. Son ejecutadas por un pequeño grupo de accionistas, directivos y fondos de inversión que operan con impunidad bajo la lógica de la rentabilidad sin límites.

El espejismo de la responsabilidad individual

Ante esta realidad, queda claro que las soluciones convencionales al calentamiento global son insuficientes. No porque sean incorrectas, sino porque son demasiado pequeñas para enfrentar un problema estructural. Mientras las campañas nos llaman a reciclar o a reducir el uso de plástico, las emisiones masivas continúan con el aval y la financiación de los más poderosos.

Este no es un llamado a la inacción personal. Cada esfuerzo individual cuenta. Pero depositar toda la responsabilidad en la ciudadanía común es una estrategia de distracción promovida, muchas veces, por las mismas industrias que más contaminan. La narrativa de la “huella de carbono personal”, por ejemplo, fue popularizada por la petrolera BP en una maniobra de relaciones públicas que desvió la atención del verdadero origen de la catástrofe: las emisiones sistémicas que nacen en los centros de poder económico.

La urgencia es doble: detener la destrucción ambiental y romper el pacto de impunidad que protege a los grandes contaminadores. Porque, como bien deja en claro este estudio, el calentamiento global y la crisis climática no es solo una emergencia ecológica, sino un síntoma del desequilibrio extremo entre riqueza y poder.

La ciencia lo ha dejado claro: el cambio climático no es responsabilidad de todos por igual. Una élite privilegiada, el 10% más rico, ha generado la mayoría de las emisiones que están llevando al planeta al colapso. Hasta que no se regule el poder y la riqueza que permiten este saqueo ambiental, el calentamiento global seguirá siendo una tragedia anunciada escrita desde lo más alto de la pirámide.

Referencia:

  • Nature climate change/High-income groups disproportionately contribute to climate extremes worldwide. Link

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ARTÍCULO PUBLICADO EN

Erick Sumoza

Soy un escritor de ciencia y tecnología que navega entre datos y descubrimientos, siempre en busca de la verdad oculta en el universo.

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