En 2001, un poderoso jefe Yakuza ingresó a Estados Unidos en circunstancias sorprendentes. Su nombre era Tadamasa Goto, líder del grupo Goto-gumi, bajo la sombrilla del Yamaguchi-gumi, la mayor organización criminal de Japón. Oficialmente tenía prohibida la entrada, pero gracias a un acuerdo con el FBI, no solo logró entrar, sino también recibir un trasplante de hígado en UCLA, mientras cientos de pacientes norteamericanos morían esperando.
Un acuerdo con la ley para salvar a un criminal

Goto sufría una insuficiencia hepática terminal y su única oportunidad de sobrevivir era un trasplante. Aunque estaba en listas negras internacionales, el FBI negoció un pacto: a cambio de información sobre operaciones de la Yakuza en territorio estadounidense, se le otorgó un visado especial.
El mafioso llegó a Los Ángeles, donó 100,000 dólares a la UCLA y fue operado por Ronald Busuttil, uno de los cirujanos de trasplante más prestigiosos del mundo.
El problema no fue solo el ingreso ilegal, sino que Goto saltó la lista de espera, accediendo al órgano con rapidez mientras decenas de pacientes locales seguían muriendo. Solo ese año, en Los Ángeles, 186 personas fallecieron esperando un hígado, pero el líder criminal fue operado sin trabas.
Una vez recuperado, la promesa de cooperación con el FBI resultó casi inútil: entregó información mínima, insuficiente para justificar el acuerdo. Había conseguido su objetivo: salvar su vida y regresar a Japón.
Escándalo, amenazas y la investigación periodística
El caso salió a la luz años después, gracias al trabajo del periodista Jake Adelstein, quien investigaba la relación entre el FBI y la Yakuza. Adelstein descubrió que entre 2000 y 2004, al menos cuatro mafiosos japoneses fueron operados en UCLA bajo acuerdos similares.
Sin embargo, al intentar publicar sus hallazgos en el Yomiuri Shimbun, recibió amenazas directas: “Borra la historia o serás borrado, y tu familia también”. Ante el peligro, renunció a su trabajo y su familia quedó bajo protección policial tanto en Japón como en Estados Unidos.
El Dr. Busuttil incluso viajó a Japón para supervisar la recuperación de Goto y ofreció testimonio médico que facilitó su liberación en procesos judiciales. Aunque UCLA aseguró haber seguido todos los protocolos de trasplante, el escándalo mostró que el dinero y las conexiones podían abrir puertas incluso en sistemas supuestamente justos. El FBI defendió su decisión, alegando que necesitaban infiltrarse en el hermético mundo Yakuza, pero muchos agentes reconocieron después que el beneficio real fue casi nulo.
El poder de la Yakuza y la sombra del dinero
La Yakuza es una de las mafias más organizadas del mundo, con cerca de 80,000 miembros y más de 800 empresas fachada, que van desde constructoras hasta pastelerías. Goto, apodado el “John Gotti de Japón”, representaba la brutalidad y la influencia de este grupo criminal. Su capacidad para manipular tanto al FBI como al sistema de salud estadounidense fue vista como un triunfo de la mafia sobre las instituciones.
Mientras cientos de pacientes ordinarios morían esperando un trasplante, un criminal extranjero con dinero y contactos recibió prioridad absoluta. Para muchos, este episodio fue un recordatorio brutal de que los sistemas que deberían garantizar equidad en la medicina pueden ser vulnerados por el poder, el dinero y la corrupción.
La historia del trasplante de Tadamasa Goto muestra cómo un jefe Yakuza logró burlar al FBI y al sistema médico estadounidense. Lo que debería haber sido un acto de justicia se convirtió en un escándalo que reveló las grietas de un sistema donde la vida puede comprarse, si se tienen los recursos y las conexiones adecuadas.
Referencia:
- Los Angeles Times/Japanese gang figures got new livers at UCLA. Link
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