Aunque una herida cicatrice y el tejido se recupere, el dolor no siempre desaparece. Un reciente estudio de la Universidad de Toronto-Mississauga revela que las lesiones físicas generan cambios duraderos en el sistema nervioso, capaces de reactivar dolor y miedo meses después de la recuperación. Esta “memoria” corporal altera cómo respondemos a nuevas amenazas, prolongando la sensibilidad.

Cómo una lesión modifica para siempre la respuesta del sistema nervioso
Cuando pensamos en sanar, solemos imaginar que el cuerpo vuelve a su estado original. Sin embargo, esta investigación con ratones muestra que la realidad es otra. Tras una lesión menor, el sistema nervioso puede quedar “programado” para reaccionar con una alerta exagerada frente a estímulos estresantes, incluso sin daño nuevo.
En el experimento, meses después de la lesión, los ratones fueron expuestos al olor de un depredador. Su respuesta no solo fue miedo intenso, sino también dolor reactivado, incluso en áreas no lesionadas. Este estado de hipersensibilidad se mantuvo durante más de seis meses, una duración notable considerando la corta vida de los roedores.
Esto indica que la experiencia dolorosa deja una señal persistente en el sistema nervioso, influyendo en nuestra percepción y reacción ante el entorno, mucho tiempo después de la curación visible.
Hormonas y receptores
Los científicos identificaron dos elementos clave en este fenómeno: la hormona corticosterona, vinculada al estrés, y el receptor TRPA1, conocido como el “receptor del wasabi” por su rol en la sensación de ardor y dolor agudo.
En los ratones con lesiones previas, este sistema se activó en exceso al enfrentarse al olor del depredador. La interacción entre corticosterona y TRPA1 genera un circuito que potencia tanto el miedo como el dolor. Cuando los investigadores bloquearon cualquiera de estos componentes, la reacción exagerada desapareció.
Curiosamente, aunque ambos aumentan el miedo, solo la corticosterona participa en el dolor crónico. Este hallazgo abre posibilidades para desarrollar terapias más específicas que traten por separado la ansiedad y el dolor persistente.
Una memoria corporal que trasciende el daño físico
Lo que experimentaron los ratones no fue un simple retorno de la aflicción ni inflamación activa. Más bien, fue una reacción emocional anticipatoria, como si el cuerpo respondiera a una amenaza basándose en experiencias anteriores. La sensibilidad aumentada, incluso en extremidades intactas, sugiere una reorganización profunda del sistema nervioso central.
Este fenómeno podría explicar por qué algunas personas sufren molestias crónicas tras lesiones aparentemente menores. No es un síntoma imaginario, sino una alteración real en el procesamiento nervioso que impide al cuerpo “reiniciarse”.
Además, esta forma de memoria corporal podría estar vinculada a trastornos como la ansiedad y el estrés postraumático, donde el cuerpo reacciona con miedo o dolor ante estímulos que no representan peligro para otros. El problema radica en la biología del cuerpo, no solo en la mente.
Nuevas oportunidades para tratar el dolor crónico y la ansiedad
Al comprender los mecanismos específicos del miedo y el dolor, los investigadores hallaron puntos clave para posibles terapias. Bloquear el receptor TRPA1 reduce la ansiedad, mientras que inhibir la corticosterona combate tanto el miedo como el dolor persistente.
Esto podría revolucionar el tratamiento de pacientes con dolor crónico, ofreciendo soluciones que actúen sobre la raíz biológica del problema, no solo en los síntomas.
Además, estos avances ayudarán a distinguir entre el dolor físico activo y el dolor generado por esta memoria corporal, explicando por qué ciertos tratamientos convencionales no funcionan para todos.
El cuerpo recuerda cuando la mente cree olvidar
Este estudio revela que nuestras experiencias dejan marcas invisibles en el cuerpo. La memoria fisiológica generada por las lesiones puede mantenernos en un estado constante de alerta, con dolor y miedo que resurgen sin necesidad de un nuevo daño.
Entender este vínculo profundo entre cuerpo y mente cambia nuestra visión del dolor y la ansiedad, subrayando la importancia de enfoques que combinen prevención, tratamiento y seguimiento tras un trauma. Solo así será posible romper el ciclo que convierte una herida curada en una fuente constante de malestar.
Conocer cómo el cuerpo guarda y expresa su historia abre la puerta a terapias personalizadas que devuelvan la calma, no solo a la mente, sino también al cuerpo que aún habla después de la cicatriz.
Referencia:
- A history of injury enhances affective and sensory responses to predator threat by sensitizing corticosterone release through TRPA1 receptor signaling. Link.
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