Jane Goodall, pionera en la investigación de los chimpancés y símbolo mundial de la conservación, falleció hoy a los 91 años. Su legado transformó la ciencia, la manera en que entendemos a los animales y la forma en que nos concebimos como especie dentro de la naturaleza.
Jane Goodall: una vida dedicada a los chimpancés

Jane Goodall nació en 1934 en Londres y desde niña mostró una profunda fascinación por los animales. Su madre, lejos de desalentarla, la motivó a seguir sus sueños, incluso cuando parecía imposible que una joven sin estudios universitarios pudiera convertirse en científica. Esa pasión la llevó a África, donde conoció al antropólogo Louis Leakey, quien le ofreció la oportunidad de estudiar a los chimpancés en Tanzania.
En 1960, con apenas 26 años, llegó al Parque Nacional Gombe Stream. Su falta de formación académica, que en un inicio fue considerada una desventaja, resultó clave: le permitió observar sin prejuicios. Goodall rompió esquemas al asignar nombres a los chimpancés, algo inusual en la ciencia de la época.
Gracias a esa cercanía descubrió comportamientos que hasta entonces se creían exclusivos de los humanos. Entre sus hallazgos más célebres está el uso de herramientas: observó a los chimpancés fabricar varillas para extraer termitas, lo que obligó a redefinir el concepto mismo de humanidad. También documentó que cazaban carne, se abrazaban, se besaban y mostraban tanto ternura como agresividad.
La famosa fotografía en la que aparece extendiendo la mano hacia el pequeño Flint, tomada por su esposo Hugo van Lawick, se convirtió en un ícono. Aquella imagen revelaba que los humanos no estamos separados del reino animal, sino que compartimos vínculos profundos con él.
De científica a activista global

Durante más de 20 años, Jane Goodall se dedicó al estudio intensivo de los chimpancés, pero en la década de 1980 su misión cambió. Tras obtener un doctorado y consolidar su investigación, fundó el Instituto Jane Goodall, con el que impulsó programas de conservación, educación y protección ambiental.
Su rol se transformó de investigadora a activista incansable. Publicó libros de gran impacto, recorrió el mundo ofreciendo conferencias y transmitió un mensaje claro: la necesidad urgente de proteger el planeta. Su figura trascendió la ciencia para convertirse en un símbolo cultural. En 2009, fue presentada en una ceremonia en Estados Unidos como la “estrella de rock” de la conservación, comparada con figuras como Mick Jagger o John Lennon.
En sus viajes nunca estuvo sola: la acompañaba “Mr. H”, un mono de peluche que le regaló un veterano estadounidense ciego. Aquel objeto se convirtió en su amuleto y en un recordatorio de resiliencia y esperanza. A través de iniciativas como Roots & Shoots, inspiró a jóvenes de todo el mundo a involucrarse en la protección ambiental y a comprender que incluso pequeños gestos, como recoger basura, pueden generar cambios colectivos.
Goodall insistía en que la esperanza era la clave: sembrar la convicción de que las acciones individuales, multiplicadas, podían transformar el futuro. Así logró conectar ciencia, activismo y conciencia social en un mismo camino.
Un legado que trasciende generaciones

La muerte de Jane Goodall marca el fin de una era en la ciencia y la conservación. António Guterres, secretario general de la ONU, la definió como una mujer de “legado extraordinario para la humanidad y el planeta”. Ese reconocimiento refleja el impacto universal de su labor.
Pero incluso, más allá de los descubrimientos científicos, su mayor aporte fue acercar la naturaleza a las personas. Supo mostrar que los chimpancés no son meros objetos de estudio, sino seres complejos con emociones, vínculos y una cultura propia. Al mismo tiempo, nos obligó a cuestionar qué significa ser humano y cuál es nuestra responsabilidad frente al mundo natural.
Jane Goodall no solo cambió la primatología: cambió la forma en que pensamos nuestra relación con los demás seres vivos. Su vida demuestra que la curiosidad, la pasión y la perseverancia pueden romper las barreras de lo establecido. Su historia continuará inspirando a generaciones que buscan un futuro más justo, equilibrado y respetuoso con la naturaleza.
El nombre de Jane Goodall será recordado junto al de otras grandes visionarias que cambiaron al mundo, como Marie Curie, por nombrar solo a una. Su legado científico y su activismo seguirán marcando el camino hacia una convivencia más consciente con el planeta que compartimos. La mujer que escuchó a los chimpancés nos dejó, pero su voz perdurará para siempre.
Referencia:
- The New York Time/Jane Goodall, Who Chronicled the Social Lives of Chimps, Dies at 91. Link
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