Cada minuto cuenta cuando alguien sufre un paro cardíaco, pero las mujeres siguen recibiendo menos ayuda en esos momentos críticos. Una nueva investigación de la Universidad de Duke confirma una desigualdad preocupante: ellas tienen menos probabilidades de recibir RCP por parte de un testigo en espacios públicos. Este hallazgo invita a reflexionar sobre cómo nuestras percepciones influyen en decisiones capaces de salvar vidas.

Una desigualdad que trasciende comunidades y creencias
El análisis de más de 309.000 casos de paro cardíaco entre 2013 y 2019 muestra una tendencia clara: las mujeres reciben asistencia con menos frecuencia que los hombres, incluso cuando los testigos están presentes. Esta brecha se mantiene en distintos vecindarios, lo que indica que no es un problema local, sino un patrón profundamente arraigado.
Una de las explicaciones más mencionadas en la literatura científica es el temor a intervenir por inseguridad o miedo a causar daño. Aunque comprensible desde lo social, este bloqueo puede tener consecuencias fatales. La realidad es clara: en un paro cardíaco, la rápida intervención es la diferencia entre vivir o no. Cada segundo que pasa sin RCP disminuye drásticamente las probabilidades de supervivencia.
Para Audrey Blewer, PhD, MPH, profesora asistente en el Departamento de Medicina Familiar y Salud Comunitaria, comprender qué detiene a un testigo es fundamental para diseñar soluciones. Su investigación abre un debate necesario sobre estereotipos, formación desigual y la urgencia de promover una atención equitativa, especialmente en situaciones donde la acción inmediata puede transformar el desenlace.
Solo el 10% de las personas que sufren un paro cardíaco fuera de un hospital sobreviven.
“Eso es lo que hace que los resultados de este estudio sean especialmente tristes. Recibir esa descarga en el pecho y reiniciar el corazón puede aumentar significativamente la probabilidad de que una persona sobreviva”, dijo Blewer.
Reentrenar la mirada en el RCP: educación, representación y nuevas herramientas

Cambiar este panorama exige transformar la manera en que enseñamos la RCP y cómo comunicamos su importancia. Blewer participa en la actualización de las pautas educativas de 2025, un esfuerzo que busca cerrar brechas y promover una formación más inclusiva.
En este contexto surgió la “Womanikin”, una iniciativa de JOAN Creative (una empresa liderada por mujeres que está tomando medidas para abordar esta problemática): un accesorio anatómico femenino que se coloca sobre maniquíes tradicionales de RCP. Su propósito es permitir que la práctica represente cuerpos reales, normalizando la intervención sobre anatomías diferentes. Esta simple herramienta ayuda a romper barreras psicológicas y a disminuir la inseguridad que muchos sienten al asistir a una mujer.
Además, la investigación ha demostrado que las disparidades no se limitan al género; también afectan a comunidades afroamericanas e hispanas. Esto evidencia la necesidad de un enfoque integral: entrenar mejor, comunicar con claridad y simplificar el mensaje para que cualquier persona se sienta preparada. Como señala Blewer, basta recordar tres pasos esenciales: llamar, presionar, descargar. Con ese conocimiento básico, cualquiera puede marcar la diferencia.
La brecha en la atención de emergencia hacia las mujeres no es un simple dato estadístico: es un recordatorio de cómo los prejuicios pueden influir en decisiones que definen vidas. Corregirla implica educar mejor, representar todas las anatomías en los entrenamientos y reforzar la confianza del público para actuar. La solución está al alcance de cualquiera: perder el miedo, intervenir y convertir unos segundos de valentía en una oportunidad de supervivencia. ¿Listo para ser parte del cambio?
Referencia:
- No Matter Where They Live Women are Less Likely to Get Bystander CPR. Link.
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