La reciente muerte del Papa Francisco ha traído a la memoria colectiva a los pontífices del pasado. Entre los episodios más impactantes destaca el fallido embalsamamiento del Papa Pío XII en 1958, un suceso que horrorizó a miles de fieles y obligó a la Iglesia a replantear por completo la forma de preservar los restos de sus líderes espirituales.

Un proceso fallido: la última voluntad de Pío XII y su trágico desenlace
El Papa Pío XII, quien lideró la Iglesia durante 19 años, había manifestado su deseo de ser embalsamado de manera distinta a las prácticas tradicionales de la época. En lugar de la extracción de órganos, el pontífice solicitó a su médico personal, el Dr. Riccardo Galeazzi-Lisi, que su cuerpo fuera preservado sin alterar su interior. El método elegido consistió en aplicar aceites y resinas sobre la superficie del cuerpo antes de envolverlo en celofán, imitando la técnica que, según creencias antiguas, se había utilizado en la preparación funeraria de Jesús.
Sin embargo, este sistema ignoró factores esenciales para la conservación de un cuerpo, especialmente en condiciones ambientales adversas. Pío XII falleció en Castel Gandolfo, la residencia papal de verano, y su traslado a Roma expuso su cuerpo a un calor intenso que aceleró la descomposición. El resultado fue catastrófico: durante su exposición pública, el cuerpo del papa mostró signos visibles de putrefacción, llegando incluso a explotar debido a la acumulación de gases internos. Sus dedos y nariz se desprendieron ante la mirada horrorizada de los asistentes, provocando desmayos y vómitos entre los miembros de la Guardia Suiza.

El impacto del horror: un antes y un después en la historia de la Iglesia
La macabra escena no solo conmocionó a los fieles presentes, sino que también dejó una profunda huella en la memoria institucional de la Iglesia Católica. Según la profesora Anthea Butler, de la Universidad de Pensilvania, este incidente marcó un punto de inflexión: la curia vaticana comprendió que jamás podría permitirse un espectáculo tan indigno para la figura del Sumo Pontífice.
A partir de entonces, el Vaticano se comprometió a garantizar métodos de conservación que preservaran la dignidad del papa en sus últimos días. Esta preocupación por el respeto y la solemnidad se evidenció tras la reciente muerte del Papa Francisco. Su cuerpo fue sometido a un proceso moderno de tanatopraxia, una técnica que permite mantener un aspecto sereno y natural hasta por diez días. Así, se busca evitar cualquier deterioro visible y ofrecer a los fieles una imagen de paz y respeto durante el último adiós.

Este cambio en la preparación de los cuerpos papales no solo refleja avances técnicos, sino también una sensibilidad renovada hacia el valor simbólico que representa el papa incluso después de su muerte.
Referencia:
- Pius XII – the Pope who exploded! Link.
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