El 13 de noviembre de 2026 marcará un momento histórico: la sonda Voyager 1 será el primer objeto creado por el ser humano en encontrarse a un día luz completo de la Tierra. Casi medio siglo después de su lanzamiento, esta nave continuará recordándonos lo diminutos que somos frente a la inmensidad del cosmos.
El viaje más largo jamás emprendido por la humanidad

Lanzada en 1977, la Voyager 1 ha viajado sin detenerse durante casi cinco décadas. Hoy se encuentra a más de 169 unidades astronómicas (UA) de la Tierra —una UA equivale a la distancia media entre nuestro planeta y el Sol—, lo que la convierte en la nave más lejana jamás construida por el hombre. Su distancia actual hace que las señales enviadas desde la Tierra tarden 23 horas y 29 minutos en alcanzarla. En poco más de un año, esa cifra llegará a las 24 horas exactas, o lo que es lo mismo, un día luz de distancia.
A una velocidad promedio de 61.198 kilómetros por hora, la Voyager 1 tardará casi 50 años en alcanzar los 25.900 millones de kilómetros, la distancia que la luz recorre en 24 horas. Según cálculos del astrónomo Dr. Alfredo Carpineti, basados en los datos del programa Eyes on the Solar System de la NASA, esto ocurrirá el 13 de noviembre de 2026. Desde ese momento, la sonda nunca volverá a estar a menos de un día luz de la Tierra.
Este logro es un recordatorio de la escala del universo y de lo que representa el tiempo cósmico. Si el vuelo más rápido jamás realizado por un ser humano —el del Apolo 10 en 1969— alcanzó unos 39.937 km/h, habría necesitado 155 días para recorrer solo una unidad astronómica. En contraste, la Voyager 1 ha atravesado el Sistema Solar durante casi medio siglo, cruzando la heliopausa y entrando al espacio interestelar, donde ningún objeto humano había llegado antes.
Más allá del Sol: el destino interestelar de Voyager

Cuando la Voyager 1 alcance el hito del día luz, aún estará lejos de terminar su travesía. Según la NASA, la nave continuará su curso hacia los límites del Sistema Solar, pasando por la nube de Oort, una vasta región repleta de cuerpos helados y restos de la formación planetaria. Se estima que podría alcanzar su borde interior en unos 300 años, y tardar hasta 30.000 años en atravesarla por completo.
Más adelante, la nave seguirá su viaje hacia las estrellas. Dentro de unos 40.000 años, tendrá un encuentro cercano con la estrella Gliese 445 (AC +79 3888), acercándose a solo 1,7 años luz de ella. Para entonces, el Sol y la Tierra serán solo un recuerdo distante. Otro estudio predice que en unos 303.000 años, la sonda pasará cerca de la estrella TYC 3135-52-1, a menos de un año luz de distancia.
Aun así, la Voyager no será capturada por ningún sistema estelar. Seguirá flotando en la oscuridad, con solo sus Discos de Oro —los mensajes grabados para posibles civilizaciones futuras— como testimonio de su origen. La NASA estima que la posibilidad de que una nave como esta colisione con una estrella es de una entre 10²⁰, es decir, casi nula.
Cuando la Voyager 1 cruce el umbral del día luz, su señal tardará 24 horas en regresar a nosotros, un recordatorio poético de la distancia y del tiempo que nos separa del universo que exploramos. Aunque eventualmente se apagará, seguirá viajando durante millones de años, llevando con ella la voz y la curiosidad de una especie que una vez miró al cielo y decidió no quedarse quieta.
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