En los últimos años, numerosos titulares han asegurado que la inteligencia se hereda exclusivamente de la madre. Aunque esta idea es popular, la investigación científica muestra una realidad diferente. La inteligencia es un rasgo complejo influido por genes, entorno, experiencias y vínculos afectivos. En este artículo explicamos el mito del intelecto heredado y qué dice la ciencia sobre su desarrollo.

El papel del cromosoma X y los límites de la genética
Muchos creen que la inteligencia proviene principalmente de la madre por el cromosoma X, que contiene genes relacionados con funciones cerebrales. Sin embargo, hombres y mujeres aportan un cromosoma X y la inteligencia no depende únicamente de este. La genética es solo una parte del desarrollo cognitivo infantil, que involucra redes complejas de cientos o incluso miles de genes distribuidos en todo el genoma.
Los estudios en animales sobre genes maternos y paternos muestran diferencias en la expresión genética, pero no se pueden extrapolar directamente a la inteligencia humana. Así, aunque el cromosoma X es relevante, no determina por sí solo nuestras capacidades cognitivas.

La influencia del entorno y la crianza en la inteligencia
Más allá de la genética, el desarrollo de la inteligencia depende del entorno y la crianza. Niños que crecen en un ambiente estable y afectivo desarrollan motivación, persistencia y habilidades para resolver problemas. Estudios sobre lactancia materna o apoyo emocional materno confirman que la influencia de los cuidadores impacta el cerebro, especialmente el hipocampo, pero de manera ambiental, no genética.
Cuidadores emocionalmente disponibles, madres, padres u otras figuras, pueden potenciar el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, demostrando que la inteligencia se construye tanto por genes como por experiencias.

Por qué la inteligencia es mucho más que herencia genética
La inteligencia no se hereda como el color de ojos. Solo entre el 1% y 2% de la variación en el coeficiente intelectual se explica por genes conocidos. El resto depende de educación, nutrición, estimulación temprana, salud emocional y experiencias. Además, las puntuaciones de CI cambian con el tiempo y mejoran con la práctica.
Estudios sobre impronta genética muestran que algunos genes se activan según provengan del padre o la madre, pero no existe una ventaja clara hacia un progenitor.
En conclusión, la inteligencia surge de la interacción entre genética, ambiente y experiencias de vida, no de un único cromosoma o progenitor.
El mito de que la inteligencia se hereda únicamente de la madre no tiene respaldo científico. Tanto madres como padres contribuyen genéticamente y el entorno, la crianza y las experiencias influyen decisivamente en el desarrollo cognitivo. Comprender esto nos permite valorar la inteligencia como un rasgo dinámico y moldeable a lo largo de la vida.
Referencia:
- A high density of X-linked genes for general cognitive ability: a run-away process shaping human evolution? Link.
- Genes for Cognitive Function: Developments on the X. Link.
- Genomic Imprinting Effects of the X Chromosome on Brain Morphology. Link.
- Effect of breast feeding on intelligence in children: prospective study, sibling pairs analysis, and meta-analysis. Link.
- Maternal support in early childhood predicts larger hippocampal volumes at school age. Link.
- Coadaptation in mother and infant regulated by a paternally expressed imprinted gene. Link.
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