Durante años, los radiotelescopios han sido las ventanas más sensibles del ser humano hacia el Universo. Pero hoy, esas ventanas comienzan a empañarse. Nuevas observaciones con el radiotelescopio LOFAR revelan que los satélites Starlink de segunda generación emiten interferencia de radio sin precedentes, un fenómeno que podría oscurecer el cielo científico y dificultar la exploración cósmica desde la Tierra.
Un ruido que viene del espacio
El crecimiento acelerado de satélites en órbita baja (LEO) ha traído consigo un ruido invisible: radiación electromagnética no intencionada. Un estudio del Instituto Neerlandés de Radioastronomía (ASTRON) detectó que los satélites Starlink “V2-mini” de SpaceX emiten señales de radio hasta 32 veces más intensas que los modelos anteriores. La investigación, realizada con el radiotelescopio LOFAR en julio de 2024, reveló un aumento preocupante en el rango de frecuencias afectadas.
Estas emisiones interfieren con la detección de las señales más débiles del cosmos, esenciales para estudiar galaxias lejanas o los orígenes del Universo. Los científicos explican que la diferencia de brillo entre estas señales y las interferencias es comparable a la existente entre la estrella más tenue visible a simple vista y la luz de la Luna llena. Con decenas de nuevos satélites lanzados cada semana, el riesgo de contaminación radioeléctrica crece sin control.
Cuando el progreso tecnológico choca con la ciencia
El problema no proviene de emisiones deliberadas, sino de fugas electromagnéticas no deseadas. Aún así, su impacto amenaza la integridad de la radioastronomía, una de las herramientas más precisas para comprender el Universo. Para astrónomos como Federico Di Vruno, del Observatorio SKA, la humanidad se acerca a un punto de inflexión: debemos actuar para preservar el cielo como patrimonio común antes de perderlo bajo una capa de interferencias.
Las empresas espaciales podrían liderar este cambio incorporando la reducción de radiación no intencionada en sus políticas de sostenibilidad espacial. Ejemplos como el de ASTRON en los Países Bajos muestran que la colaboración entre ciencia, industria y autoridades puede generar soluciones efectivas. Sin embargo, el ritmo actual de lanzamientos convierte la urgencia en una carrera contra el tiempo: sin regulaciones firmes, el cielo podría transformarse en un enjambre de señales artificiales.

El avance tecnológico y la conectividad global no deben alcanzarse a costa del conocimiento científico. Las emisiones no deseadas de los satélites Starlink recuerdan que el espacio no es solo una autopista comercial, sino un bien compartido. Si no se adoptan medidas de mitigación y regulación, pronto las únicas constelaciones visibles serán las fabricadas por el ser humano.
Referencia:
- Bright unintended electromagnetic radiation from second-generation Starlink satellites. Link.
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