Mucho antes del Kama Sutra o de Freud, los antiguos egipcios ya tenían ideas sorprendentes sobre el sexo. Su manera de entender el deseo combinaba lo cotidiano con lo sagrado, lo médico con lo mítico. Y lo que revela es un mundo donde el placer podía ser poder, creación… y también un riesgo.

La virginidad no era gran cosa
En el Antiguo Egipto, no existía una palabra específica para “virgen” en el sentido en que hoy la usamos.
El sexo antes del matrimonio era aceptado entre personas solteras, sin tanto escándalo. Pero una vez casados, la fidelidad sí se tomaba en serio, especialmente para asegurar la legitimidad de la descendencia.
El adulterio femenino podía traer consecuencias severas: desde el divorcio hasta castigos físicos o incluso la muerte. Pero en el caso de los hombres era menos severo.
¿Anticonceptivos? Sí, pero… intensos
Sí, hombres y mujeres egipcios buscaban evitar embarazos no deseados. Y lo hacían con métodos que hoy nos parecerían extremos.
Una receta común incluía miel, excremento de cocodrilo y otras sustancias aplicadas en la vagina. ¿Funcionaba? Eso es debatible, pero la intención estaba.
Algunas fuentes modernas mencionan que los hombres usaban preservativos de lino, aunque no hay pruebas sólidas de que eso fuera así.
La creatividad era mucha; la eficacia… no tanto.

Casarse era mudarse
Olvídate de vestidos blancos y ceremonias religiosas. Para casarse en el antiguo Egipto, bastaba con que la mujer se mudara a la casa del hombre. Así de simple.
Ese gesto ya establecía el vínculo conyugal.
Eso sí, entre las clases altas solían firmarse contratos matrimoniales, sobre todo para proteger propiedades y herencias.

Ajo para saber si eras fértil
Un método recogido en el antiguo Papiro Carlsberg decía que si una mujer colocaba un diente de ajo en su vagina y su aliento olía a ajo al día siguiente, se consideraba fértil.
¿La lógica detrás? Según la medicina de la época, el útero estaba conectado con las vías respiratorias.
Parece absurdo hoy, pero el método está documentado.
Masturbación divina
En la mitología egipcia, el dios Atum creó el universo masturbándose. De su semen nacieron los primeros dioses.
Por eso, la masturbación no era un tabú: era vista como un acto poderoso, generador de vida.
Algunas fuentes, como el libro Conceptions of God in Ancient Egypt, de Erik Hornung, explican que el faraón podía repetir simbólicamente este gesto en rituales de fertilidad.

Pociones de amor: entre la magia y la medicina
Cuando la pasión se apagaba, algunos recurrían a “pociones de amor”. Las recetas eran bastante intensas: incluían sangre, semen, cabellos o partes de animales.
Si la pareja aceptaba beber algo así, tal vez el amor era real… o al menos la voluntad de seguir juntos.
El sexo en el Antiguo Egipto no era tabú. Formaba parte de la vida diaria, la religión y hasta la salud.
Entre papiros médicos, mitos cósmicos y prácticas domésticas, su visión del deseo era mucho más compleja —y en muchos sentidos, más libre— de lo que te habrán contado en clase.
Referencias:
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