Ver rostros con apariencia de demonios, con rasgos grotescos o deformes. Así es la experiencia de quienes sufren prosopometamorfopsia (PMO), un raro trastorno neurológico que altera selectivamente la percepción de las caras humanas. Aunque es poco conocida, esta condición empieza a entenderse mejor gracias a un caso reciente que permitió representar con precisión lo que ve un paciente. Este caso fue documentado en un estudio publicado en The Lancet, volumen 403(10432), página 1176.

Cuando el rostro humano se convierte en algo inquietante
La prosopometamorfopsia, cuyo nombre proviene del griego prosopon (rostro) y metamorfopsia (distorsión visual), es una condición neurológica que transforma radicalmente la forma en que se perciben los rostros. No se trata de una alucinación general: quienes la padecen ven con normalidad el resto del mundo, pero los rostros —y solo los rostros— aparecen distorsionados. Las alteraciones pueden afectar forma, proporción, color o posición de los rasgos faciales.
Su duración es muy variable. Algunos casos duran días, otros semanas, y hay quienes la sufren durante años. Dado que los rostros son fundamentales para la interacción social, esta distorsión puede ser profundamente perturbadora. A menudo se confunde con trastornos psiquiátricos, lo que lleva a diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados, como la administración de antipsicóticos en casos de origen puramente visual.
Un caso único: ver demonios en la vida real, pero no en la pantalla
El caso especialmente revelador de un hombre de 58 años con PMO que ve rostros demoníacos únicamente al verlos en persona. Pero si mira la misma cara en una fotografía o una pantalla, la percibe con total normalidad.
Este detalle poco común permitió a los investigadores del Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro en Dartmouth, hacer algo inédito: reconstruir con exactitud lo que ve el paciente. Usando un software de edición, modificaron digitalmente una fotografía mientras el paciente comparaba la imagen con el rostro real frente a él. Así lograron crear una representación visual precisa de su distorsión en tiempo real, algo imposible en la mayoría de los casos, ya que los pacientes suelen ver también las imágenes alteradas.

Este tipo de reconstrucción visual ofrece una valiosa oportunidad para entender mejor cómo el cerebro procesa los rostros y qué ocurre cuando ese mecanismo falla.
Diagnóstico difícil, estigma frecuente
Aunque se han documentado apenas unos 75 casos de PMO en todo el mundo, el número real podría ser mucho mayor. Muchos pacientes no se atreven a contar lo que ven por miedo al estigma o a ser malinterpretados como personas con un trastorno psiquiátrico.
Brad Duchaine, investigador principal del Laboratorio de Percepción Social en Dartmouth, y autor principal del estudio, señala que varios pacientes con PMO han sido diagnosticados erróneamente con esquizofrenia. En realidad, dice, se trata de una disfunción específica del sistema visual. Su equipo trabaja para identificar las distintas variantes de esta condición, comprender el funcionamiento normal del procesamiento facial y, en el futuro, desarrollar intervenciones que reduzcan o eliminen las distorsiones.

La prosopometamorfopsia es mucho más que una curiosidad clínica: cambia nuestra comprensión sobre cómo percibimos a los demás y, en última instancia, cómo construimos la realidad. El caso del hombre que ve demonios al mirar caras reales pero no imágenes digitales es un ejemplo poderoso de cómo el cerebro puede dividir, alterar o reconstruir la percepción visual de formas aún poco comprendidas. Investigar esta condición podría no solo mejorar la vida de quienes la padecen, sino también ofrecernos claves sobre los misterios del cerebro humano.
Referencia:
- Prosopometamorphopsia. Link.
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