Jeanna Giese contrajo rabia siendo adolescente, una enfermedad considerada mortal una vez que aparecen los síntomas. Contra todo pronóstico, logró sobrevivir sin haber recibido la vacuna preventiva. Su caso revolucionó la medicina y dio esperanza a quienes enfrentan este virus casi siempre letal, demostrando que incluso en situaciones límite puede haber una salida.

Una mordida que cambió su vida para siempre
En 2004, Jeanna Giese recogió un pequeño murciélago fuera de su iglesia en Fond du Lac, Wisconsin. El animal la mordió, pero la herida parecía superficial, y su familia no consideró necesario buscar atención médica. “Nunca pensamos en rabia”, recordaría años después. Tres semanas más tarde, comenzó a sentirse mal: fatiga, visión doble, vómitos y un hormigueo en el brazo izquierdo marcaron el inicio de una carrera contra el tiempo. Para entonces, ya era demasiado tarde para aplicar la vacuna, que solo es efectiva antes de la aparición de los síntomas.
Fue entonces cuando su caso dio un giro inesperado. En lugar de rendirse, los médicos del Hospital de Niños de Wisconsin, liderados por el doctor Rodney Willoughby, decidieron inducirle un coma para darle tiempo a su sistema inmunológico de combatir el virus. Era una apuesta sin precedentes: jamás se había intentado algo así. Jeanna estaba tan grave que necesitaba estar intubada y apenas podía mantenerse consciente. Nadie sabía si sobreviviría… pero lo hizo.
El protocolo de Milwaukee: una apuesta desesperada con un milagroso desenlace

Crédito: Science History Images
El tratamiento experimental que salvó a Jeanna más tarde sería conocido como el protocolo de Milwaukee. Su base era simple: “apagar” temporalmente el cerebro para protegerlo mientras el cuerpo generaba defensas. El coma inducido, combinado con antivirales como ribavirina y amantadina, fue la única estrategia cuando ya no se podía aplicar la vacuna. Durante los seis meses posteriores a su despertar, los médicos también le administraron tetrahidrobiopterina, un suplemento que favorece la producción de neurotransmisores clave para funciones motoras y cognitivas.
El camino de recuperación fue largo. Jeanna tuvo que volver a aprender a hablar, comer y moverse. Sin embargo, recuperó la mayoría de sus funciones en poco tiempo y logró retomar su vida con relativa normalidad. Se graduó, obtuvo su licencia de conducir y estudió biología en la universidad. Aunque conserva algunas secuelas —como una ligera inclinación al caminar y un habla más pausada—, su estado sigue siendo sorprendente. Para Willoughby y su equipo, su supervivencia fue resultado de cuidados intensivos, decisiones acertadas y un poco de suerte. Su caso abrió nuevas posibilidades en el tratamiento de la rabia, aunque sigue siendo difícil de replicar.

Una vida marcada por la esperanza (y por los animales)
La experiencia de Jeanna no solo transformó la medicina, sino también su visión de la vida. Convertida en figura pública e inspiración para muchos, ha participado en conferencias científicas para impulsar la investigación de tratamientos contra la rabia. A pesar del trauma, su amor por los animales no disminuyó, sino que creció. Dueña de un perro, dos conejos y seis aves, sueña con abrir algún día un santuario para especies en peligro, incluyendo grandes depredadores… y quizás murciélagos también.
“Ya no les tengo miedo”, ha dicho con una sonrisa. Para ella, los animales son su felicidad, su motor, su razón de vivir. Incluso si su caso sigue siendo único, su historia ha motivado a médicos e investigadores en todo el mundo a seguir buscando tratamientos eficaces contra un virus que, aún hoy, mata a más de 50.000 personas al año en regiones sin acceso a vacunas, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Jeanna ha aprendido a convivir con su historia. Aunque revive recuerdos difíciles, se aferra a lo esencial: está viva, y su testimonio puede cambiar muchas vidas más.
El caso de Jeanna Giese marcó un antes y un después en la medicina moderna. No solo ofreció una nueva perspectiva sobre el tratamiento de la rabia, sino que también planteó preguntas éticas profundas sobre el acceso, la equidad y la rehabilitación. Su historia es prueba de que el coraje, la innovación médica y un poco de fortuna pueden vencer lo que parecía invencible. Jeanna no solo sobrevivió: nos enseñó que rendirse no es una opción.
Referencia:
- How Did Someone Survive Rabies without a Vaccine? Link.
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