Mientras investigaba raíces de campanillas (Convolvulus tricolor) en un laboratorio universitario, Corinne Hazel una joven estudiante estadounidense identificó una nueva especie de hongo que la ciencia llevaba décadas buscando: uno que produce compuestos ligados al origen del LSD. Su hallazgo está publicado en la revista Mycologia.

El hallazgo que nadie esperaba… hasta que alguien miró bien
Hazel, estudiante de microbiología ambiental en la Universidad de West Virginia, no estaba buscando hongos. Estudiaba cómo ciertas plantas distribuyen compuestos defensivos por sus raíces cuando notó algo curioso: una fina pelusa sobre una semilla de campanilla. Era discreta, casi imperceptible, pero su intuición la llevó a investigar más. Extrajo una muestra, la secuenció con el dinero de su beca universitaria y el resultado fue rotundo: se trataba de una especie completamente desconocida.
El hongo fue nombrado Periglandula clandestina y ya está registrado en bases de datos genéticos internacionales. El logro es aún más notable considerando que Hazel es una estudiante de pregrado, y que el organismo descubierto había eludido la atención de la ciencia por casi un siglo.
El pariente del cornezuelo que vivía oculto en las campanillas

Periglandula clandestina pertenece a la misma familia de hongos que el cornezuelo del centeno, del cual se derivan los alcaloides lisérgicos que inspiraron la síntesis del LSD en los años 30. Su hallazgo no solo confirma una antigua sospecha de Albert Hofmann —quien creía que un hongo simbiote era responsable de los efectos psicodélicos de las campanillas—, sino que abre nuevas rutas para la farmacología moderna.
A diferencia de otros hongos similares, esta especie produce grandes cantidades de alcaloides, lo que podría facilitar su estudio y aplicación. Ya se sabe que estos compuestos tienen usos clínicos en el tratamiento de migrañas y Parkinson, aunque en dosis altas pueden ser tóxicos. Comprender su síntesis y comportamiento permitirá manipularlos con mayor seguridad en contextos médicos.
Ciencia, intuición y una semilla peluda
Corinne Hazel admite que el hallazgo fue inesperado, pero no casual. “Llevábamos meses trabajando con estas plantas, observando sus estructuras. Un día noté esa pequeña pelusa, algo fuera de lugar. Y resultó ser el inicio de todo”, relató a WVU Today. Su descubrimiento, guiado por la mentoría del profesor Daniel Panaccione y respaldado por una beca del Davis College, es también un ejemplo del valor de la ciencia en formación: cuando la curiosidad se cruza con el conocimiento, puede surgir algo extraordinario. Para Hazel, la siguiente etapa es estudiar cómo cultivar mejor el hongo y entender su relación con la planta hospedadora.

Este descubrimiento confirma una vieja hipótesis: los efectos alucinógenos de las campanillas no provienen de la planta en sí, sino de su simbiosis con un hongo microscópico. Una alianza evolutiva que permaneció invisible hasta ahora, y que plantea preguntas fascinantes sobre el rol de estos organismos en la química natural.
Más allá del interés psicodélico, la investigación de Hazel permite entender mejor cómo interactúan plantas y hongos para producir compuestos complejos, lo que da pistas valiosas para la medicina del futuro.
Referencia:
- A new species of Periglandula symbiotic with the morning glory Ipomoea tricolor. Link.
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