Dormir mal durante tres noches consecutivas podría bastar para alterar procesos internos importantes y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas. Así lo revela una investigación liderada por el Dr. Luis Mateus Brandão y el Dr. Lei Zhang de la Universidad de Uppsala en Suecia, que profundiza en cómo la privación del sueño afecta directamente a la química de la sangre y al sistema cardiovascular, incluso en personas jóvenes y sanas.

Inflamación silenciosa: el vínculo entre el mal sueño y el corazón
Aunque ya se sabía que dormir poco era un factor de riesgo para el corazón, el nuevo estudio publicado en la revista Biomarker Research aclara el mecanismo: la falta de sueño dispara proteínas inflamatorias en la sangre. Estas moléculas, producidas por el cuerpo bajo estrés o enfermedad, pueden dañar los vasos sanguíneos si se mantienen elevadas, y están asociadas a condiciones graves como insuficiencia cardíaca, enfermedades coronarias o arritmias.
El estudio se realizó con 16 hombres jóvenes, sometidos a dos fases: una con sueño normal (8,5 horas) y otra con sueño restringido (4,25 horas por noche durante tres días). Luego de cada fase, los participantes realizaron ejercicio de cardio intenso, y los investigadores analizaron sus niveles de casi 90 proteínas. El hallazgo fue claro: tras la privación de sueño, los marcadores inflamatorios aumentaron, y la respuesta positiva del cuerpo al ejercicio, que suele activar proteínas protectoras como la interleucina-6 o el BDNF, fue significativamente menor.
Efectos inmediatos, incluso en los más jóvenes

Uno de los aspectos más inquietantes del estudio es que los efectos se observaron incluso en adultos jóvenes y saludables. Esto llama la atención sobre una realidad cotidiana: dormir mal ocasionalmente —por trabajo, estrés o hábitos digitales— no es inofensivo. De hecho, uno de cada cuatro adultos trabaja en turnos que alteran su ritmo circadiano, lo que podría tener un impacto directo y acumulativo sobre su salud cardiovascular.
Además, los investigadores notaron que la hora del día en que se analiza la sangre influye en los resultados, con variaciones notables en los niveles de proteína dependiendo de si las muestras se tomaban por la mañana o por la noche, y aún más bajo condiciones de sueño reducido. Este detalle sugiere que el cuerpo no solo cambia químicamente con la falta de descanso, sino que lo hace de manera rítmica y predecible.
El sueño como medicina preventiva

Este estudio refuerza la idea de que el sueño no es un lujo, sino una función biológica esencial. En una cultura que valora la productividad por encima del descanso, esta investigación es una advertencia: cada noche mal dormida tiene un coste, y el cuerpo lo registra, aunque no seamos conscientes.
A medida que crece la evidencia científica, queda claro que proteger el sueño debe ser parte de cualquier estrategia de salud pública. Dormir bien no solo mejora el ánimo y la concentración: también puede ser una barrera determinante frente a enfermedades cardíacas que, en muchos casos, son silenciosas hasta que es demasiado tarde.
Referencia:
- The overlooked trio: sleep duration, sampling time and physical exercise alter levels of olink-assessed blood biomarkers of cardiovascular risk. Link.
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