Durante décadas, los agujeros negros supermasivos han sido uno de los mayores enigmas del universo. Hoy, la inteligencia artificial se ha convertido en una aliada clave para descifrar lo que los telescopios aún no pueden ver con claridad. Gracias a redes neuronales entrenadas con millones de simulaciones, los astrónomos están logrando interpretaciones más precisas y, en algunos casos, profundamente reveladoras sobre estos colosos cósmicos.

La inteligencia artificial como nuevo telescopio del cosmos
La observación directa de un agujero negro sigue siendo uno de los mayores desafíos de la astronomía moderna. Incluso proyectos tan ambiciosos como el Telescopio de Horizonte de Eventos (EHT) no producen imágenes tradicionales, sino reconstrucciones complejas basadas en señales de radio captadas por radiotelescopios distribuidos por todo el planeta. En ese proceso, una parte significativa de la información se descarta o se simplifica debido a su difícil interpretación.
Para abordar esta limitación, investigadores del Instituto Morgridge de Investigación, en Wisconsin, entrenaron redes neuronales con millones de simulaciones de agujeros negros supermasivos. Estas simulaciones reproducen distintos escenarios físicos y permiten que la IA aprenda a identificar patrones ocultos en datos incompletos o ruidosos. A diferencia de los métodos clásicos, estos sistemas no ignoran la información ambigua, sino que la analizan en profundidad.
El resultado es un cambio de enfoque: la IA no sustituye a los telescopios, pero amplifica su capacidad. Al transformar datos aparentemente caóticos en modelos más detallados, los astrónomos pueden extraer conclusiones que antes quedaban fuera de alcance, abriendo una nueva etapa en el estudio del universo extremo.

Sagitario A*: uno de los agujeros negros más extremos de lo que se pensaba
Uno de los avances más llamativos derivados de este enfoque es el nuevo análisis de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea. Hasta ahora, se creía que su velocidad de rotación era moderada o relativamente alta. Sin embargo, los modelos basados en inteligencia artificial apuntan a un escenario mucho más radical.
Los resultados sugieren que Sagitario A* podría estar girando cerca de su velocidad máxima permitida por la física y que su eje de rotación estaría orientado hacia la Tierra. Además, la emisión detectada en sus inmediaciones no se explicaría por un chorro relativista, sino por electrones extremadamente calientes dentro del disco de acreción que lo rodea.
Según el Instituto Morgridge de Investigación, estos análisis también indican que “los campos magnéticos en el disco de acreción parecen comportarse de forma diferente a las teorías habituales sobre estos discos”. Este detalle es clave, ya que la velocidad de rotación de un agujero negro influye directamente en la curvatura del espacio-tiempo, la trayectoria de la luz y la estabilidad del sistema, obligando a reconsiderar algunos modelos ampliamente aceptados.
Desafiando teorías y abriendo nuevas preguntas científicas
Más allá de los resultados concretos, el verdadero valor del uso de inteligencia artificial en la astronomía reside en su capacidad para cuestionar teorías establecidas. Al revelar comportamientos inesperados en campos magnéticos y dinámicas extremas, estos modelos sugieren que ciertos supuestos fundamentales podrían necesitar revisiones profundas.
Los propios investigadores subrayan la cautela. Lejos de presentar estos hallazgos como conclusiones definitivas, los consideran un primer paso. A medida que las redes neuronales se entrenen con simulaciones más complejas y se contrasten con nuevas observaciones, será posible afinar los modelos y validar —o refutar— estos escenarios extremos.
La colaboración entre inteligencia artificial y astronomía está transformando nuestra comprensión de los agujeros negros. Al rescatar información antes desaprovechada y plantear hipótesis más exigentes, la IA no solo mejora la resolución de los datos, sino que empuja a la ciencia a replantear sus propias bases. El universo sigue lleno de misterios, pero ahora contamos con una nueva herramienta para explorarlos.
Referencia:
- Throughput computing enables astronomers to use AI to decode iconic black holes. Link.
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